Ayudemos en el Altar

El altar ha sido siempre un punto de encuentro entre Dios y el hombre a fin de mantener y purificar la comunión entre ellos. Dios ha instituido esta relación en su pacto. En el altar el pueblo se entrega a sí mismo en sacrificio a Dios. San Pablo dijo en Romanos 12:1: “Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional”. En el altar aceptamos a Jesucristo como nuestro único Salvador, somos llenos del Espíritu Santo, también llevamos nuestras peticiones, hacemos votos de fidelidad, gratitud, y sentimos el llamado de Dios para un ministerio eficaz. Los grandes hombres de la Biblia usaron el altar como lugar de reconciliación o donde ofrecían sacrificio de alabanza y gratitud a Dios.

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